El 11 de abril de 1970 el cantautor argentino Sandro se convierte en el primer cantante latinoamericano en dar un recital en el Felt Forum del Madison Square Garden de la ciudad de Nueva York, que ese día colmó de fans del artista argentino.

El canal 9 transmitió el show en vivo. Fue la primera transmisión realizada vía satélite para la televisión argentina. Ofreció un show que se trasmitió vía satélite a 14 países mas.
Empezaron a sonar los primeros acordes de Tengo, uno de sus temas más populares. Y en ese momento, haciendo gala de su profesionalismo, Sandro hizo su entrada triunfal sobre el escenario del Madison Square Garden de Nueva York.
Roberto Sánchez, el hombre detrás del ídolo, estaba cansado después de un largo viaje y molesto por un resfrío que lo tenía a mal traer.

Pero el artista no defraudó a las cinco mil fanáticas que se habían dado cita en Manhattan para verlo actuar.“Una de las personalidades más importantes y avasallantes de este tiempo.
Señoras y señores, con la orquesta conducida por el maestro argentino Jorge López Ruiz, aquí está el ídolo de América, ¡Sandro!”, dijo el locutor antes de dar comienzo al show.
En muchos lugares se preguntaron quién era el dueño de esa voz tan particular, que había viajado especialmente para presentar al Gitano.
Y era lógico que llamara la atención, ya que se trataba ni más ni menos que del mismísimo Cacho Fontana. Para entonces, el hombre ya se había consagrado en la Argentina como conductor del Fontana Show, su magazine radiofónico.
Pero que no dudó en subirse a un avión para ser el maestro de ceremonias del artista que hacía suspirar a sus “nenas” en un especial que, en la Argentina, se emitió por la pantalla de Canal 9.

Sandro venía de rodar las últimas escenas de Muchacho, el film de Leo Fleider que protagonizó junto a Irán Eory y Olinda Bozán, en la zona Tigre.
Y había quedado un poco congestionado después de filmar a la vera del río.
Por eso, cuando arribó a la Gran Manzana un par de días antes del concierto para alojarse en el Hotel Americana, casi no habló con nadie. Fumó mucho, tal como era su costumbre.
Y ensayó junto a la orquesta. Finalmente, cuando llegó la fecha indicada y el reloj marcó las 20:30 en Nueva York, salió a escena a dar lo mejor de sí.
Tal como lo venía haciendo desde hacía una década, cuando había comenzado su carrera junto a Los de Fuego.Los gritos ensordecedores de sus fanáticas comenzaron en el preciso momento en que se anunció la presencia del ídolo sobre la tarima del Felt Forum.
Y el delirio fue total. A tal punto, que antes de comenzar a cantar el segundo tema de su repertorio, Sandro tuvo que pedirles encarecidamente que volvieran a sus lugares para evitar inconvenientes.
Rosa Rosa, Quiero llenarme de ti, Dame el fuego de tu amor y Porque yo te amo, fueron algunos de los hits con los que el Gitano complació a sus seguidorascomplació a sus seguidoras.
Pero también aprovecho la oportunidad para presentar dos nuevas canciones: Se te nota y Te quiero tanto amada mía.

El éxito fue rotundo. Con ese recital, que tuvo una segunda edición al día siguiente, Sandro logró consolidar su carrera internacional. Los medios estadounidenses lo empezaron a apodar como “El Tom Jones latino”.
Y estaba claro que este paso, era solo el comienzo de una larga trayectoria. De hecho, en 1971, 1976 y 1977, volvería a suelo estadounidense para repetir esta experiencia.
Sin embargo, fiel a su estilo, él siempre supo mantener la humildad. “No me siento un ídolo sino un cantante de moda”, le dijo un par de días más tarde a los periodistas que lo abordaron a su regreso en el aeropuerto de Ezeiza.
Lo cierto es que para Sandro, el hecho de haber cumplido su sueño de actuar en Madison no era para nada menor. En sus comienzos, él soñaba con llegar al Olympia de París. Pero tener la posibilidad de actuar en el estadio neoyorkino era, sin lugar a dudas, un logro mucho mayor.
Y él lo disfrutó. A modo de anécdota, le recordó a la prensa que por primera vez desde que tenía siete años, había tenido que usar la “camiseta de lana” que su mamá le había puesto en la valija para contrarrestar el frío de “La ciudad que nunca duerme”, que lo recibió con dos grados de temperatura. Y que lo obligó a utilizar, además, un sobretodo de piel sintética que se había comprado en esa mismo lugar el año anterior.


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